Por Andrés Sánchez
A Mariana Hoyos
On my heart I wear a sleeve that you knitted for me. Francis Healy
If the world isn't turning your heart won't return anyone anything anyhow Francis Healy
(Maravilloso, lo entiendo. Retírate).
Es demasiado, sólo hay niños infiltrados y muertos en mi sueño. Odio, rosas, un Robin Hood de cabeza como san Antonio. El grito suena, imagino siempre un atentado y me levanto mal. Las palabras están ya acuñadas todas. Bebida: tinta: blanco: nada.
Es uno y es el opuesto. Lenguaje, ópticas, idiotez. Ellos también, ellos buscan el beso en el parque.
Aquí es octubre, y Él lo admite (detesto su hipocresía) pero la demuestra mañana.
Solo en la realidad: sólo ficción Una enfermedad, muchas Bogotá. No pasarán. Nadie pasa.
Incluso por un peso los peces y los panes se multiplican.
Yo castigo. Un libro y un par de besos.
Miércoles en la tarde: Corro a ritmo de una batería. "Sala de espera número seis: el vuelo partirá el diez minutos" Esperan llegar al amor en una silla fría. Es un corrido somnífero. La rata despierta a sus amigos en el bus.
Es sólo un momento nada más. ¿Hay amanecer, a menos que la soledad sobre? "Estás hermosa". Vivimos más. Estoy cansado. Sólo escucho. Creo que puedo decir heil a la belleza. Creo que puedo decir heil al odio.
Nooteboom reproduce a Ungaretti en las riberas de un riachuelo escrito en catalán.
Ahora, dormir. Mañana toca convencer a más niños que jueguen en el sol. Es enfrentarse a ese otro dentro de mí es jugar con mi saber que cambia menos es ir hacia mis rituales e intentar sonreír es hacer el otro en medio de los muertos y las flores es crear el mundo entre el público y las prostitutas.
Los esclavos salen y gritan el Salve. Lugar opuesto: El santón le grita a la fiera. Gracias por el arpa. Me duelen sus cuerdas.
Y qué. ¿Si? No. Besos incumplidos. Tierra de palabras es tu cuerpo desnudo.
El mundo es nuestro héroe no como persona. El mundo hace que todas las cosas tuvieron y tengan una conexión. No como personas. Como cosas. No somos más.
"¡Idiota!" Le gritan a la rata afeitada con voz tonta. "¡Rata!" La voz de Dios habla.
Habla el dueño: habla el demonio. Habla la iglesia: habla la suerte de los payasos. Suena en el fondo de mi cabeza adolorida Charles Aznavour describiendo la última mujer que besé.
Ahí quedas. Ahí estás. Estás allá, es septiembre. Lejos, aparece la alegría al final del túnel. Cerca, el olor a pescado y basura intenta penetrar mis poros.
El enamoramiento del desvelo se convierte en un chiste. Suena Satie seguido por Radiohead: Envejecemos rápidamente y nuestra belleza cae.
Escucha el flujo del río pasionales puertas de una geometría perdida. Lo descubro en la música lo descubro en una novela sobre Flaubert.
La cara de entonces ha muerto. Es agosto. Suena el cucú de un regaño emergente de una admisión de que todos son Uno y Trino. Somos uno y otro. Y nos convertimos en tres con el sonido del cucú.
Me quejo, lloro y río, los nombres salen en el flujo y esto no es más que poesía planificada entre el vértigo, los somníferos y el sexo inexistente. Voy como un fragmento de música tonal.
Dejé siete risas. Existirán y morirán y quedarán como hojas mustias en una edición vieja del Ulysses.
Somos empaque, etiqueta. La desconozco. Como el sexo. Como el placer.
Fumo. Opino. Intento. Intento una carcajada dentro del cielo oscuro, intento mover las hojas secas del piso, intento ser un caballero detrás de mis audífonos. Es una tarde de julio.
Un chasquido. El mundo se junta en la palma de mi mano, hago un cigarrillo con virutas unidas en una carta de amor. El camino es cómodo, los marineros cantan en Año Nuevo. La calle es un espacio vacío. Aunque duela.
Las dagas están en el camino. Intento y caigo. Soy un espectro. Soy un susurro de memoria perdida. Es un lunes por la noche. Aprendo. Muero. Mañana cambiará mi mantra.
El sabor amargo de la cerveza caliente quema mis pupilas que esperan el sabor de algo más. No debo callar. No puedo callar. Adepto a un mandamiento de devolverme, mi asedio sirve para convertirme en un ser enfermo. Cara de alboroto: Otro error. El lado brillante del río es otro camino propio en medio de la oscuridad.
Seguramente te hago temblar cada poro de tu cuerpo. Seguramente ser actriz te ayuda.
Artista de charlas. Eso soy. Conversador de mundos inexistentes creador de mundos hiperrealistas hijo bastardo de Dios pequeño Dios.
El bebé camina por la calle, solo. Pregunto, no me quejo. Observo desde el balcón del arrondisement número 16 tus brazos cubiertos de nieve y presente mis ojos nublados de decepción y paranoia.
(cincuenta y cinco actores dieciséis viudas una novela picaresca un picnic en un parque es martes en la noche veo el anochecer de color lila en medio de dos edificios gemelos
estoy cerca de casa y no quiero estarlo
estoy lejos de casa y no quiero estarlo
estoy provocando una reacción momentánea es algo que supe hacer con mis manos
después de diez meses después de once contos de reis)
No hay quejas. No se puede. El forraje cubre la estatua de mármol pudriéndose. Pero me fortalezco bajo la nieve.
Un migrante sefardí recorre la calle. Paranoico, revisa las voces de los sabios grabadas en piedra dentro de su alma. Lo veo. Estoy sentado en la noche. Tengo frío. Intento abrazarla bajo las luces del árbol. Ella no quiere.
No importa. Las críticas vuelan. Ella se inserta en una, dos, tres voces. En todas las frases. En las máscaras. Y me derrota.
La reina recorre la ruta. Camina sola. Entra, en un momento, en un estado en suspensión. Noche cálida de junio. Siente el destino en su cuello, las espinas del cactus en sus manos.
Mándame una postal. Toca la guitarra, toca una canción de mi juventud. Llévame de tu mano a un paisaje asiático imaginado. Déjame sentir las hojas secas sobre el piso que caminamos los dos. Tengamos raíces en todo el mundo: hagamos del planeta el monasterio de nuestros ojos.
Un borracho canta una canción Molly Bloom llora haciendo el amor con su amante Los testigos de la belleza de Emma Bovary se suicidan Las amantes de Werther ponen flores en su tumba
Una canción: literatura: un silencio más. Los alumnos duermen. Los músicos esperan el naufragio. El lamento suena en mi oído, el kaddish me espera en Auschwitz. El té suelta sus aceites, sus aromas. Tomo tu mano.
¡Vengan héroes! ¡La lluvia de mayo no espera! El frío arde y quema mis dedos, el inmigrante camina mojando su cuerpo. Los artilleros esperan para disparar. Es Waterloo, es Stalingrado, es Guadalcanal. Es la ofensiva del Têt. Veré el rostro de Dios, que no es otro rostro sino el rostro de Todos Sus Hijos.
Mi cuerpo flaco reposa en una calle la pared huele a orina explotan fuegos artificiales los ladrones recorren de aquí para allá como un péndulo.
El barco, explica el capitán, va lejos de la tierra que conocí. El barco, le explico a mi sombra, me lleva a un lugar que nunca encontraré.
Mi amor está en el bazar. Danza y gira. Es el susurro de un derviche. Llueve a su alrededor, los demonios la rodean y la protegen. Ella mira al occidente. El sol se pone en la casbah de Marrakech. Mi boca sabe a menta. Su boca me es desconocida.
Los días ya no tienen nombre. ¿Amor? ¿Moral? ¿Es sorprendente? ¿Sorprende que existamos bajo las montañas y las estrellas cuando el honor ha sido sustituido por el horror y las venas fueron cambiadas por cables?
Ella se desvanece. Todos desaparecen. Mi voz es sólo un momento. Amanece el primer día de abril.
De las palabras al niño hay una grieta. Hay un río. Hay escritores sin nombre. Gloria in Excelsis Deo. Siento un abrazo bajo la carpa azul a la vuelta.
Hablo mucho de amor. No debería. El campo de juego es mojado con rocío. Estoy armándome a mi mismo con el crujir de las hojas secas.
Río y adoro la estupidez. Empieza el amor bajo los cedros caen las sonrisas como cerezo en flor. Son las 4:36 de un jueves desconocido. Miro hacia el norte. Miro a una puerta de vidrio. Trato de sonreír pero sólo caen lágrimas agradecidas. Es un autorretrato, un espejo caníbal, una cadena amarga en la que creo. Es la humanidad. Es la metamorfosis de la muerte y los desvíos.
Intento. Es un lunes de marzo. Llueve. Fumo bajo un techo pero no puedo encenderlo. Mi voz incorforme no es necesaria. Soy mezquino. Soy un canto triste. Soy una armazón de rebeldía. Soy una palabra rara. Soy una hoja verde en medio de la calle limpia. Soy humo en medio de la noche más negra y limpia.
Adelante: me intoxicaré al lado del borracho que yace en mi puerta. Adelante: mañana fingiré ser James Joyce y escribir sin pausa y sin prisa. Adelante: entraré al mundo tembloroso del dolor y caeré postrado en lágrimas.
(es un cambio, es una esperanza es una lágrima, es un saludo alegre es una serpiente que anda bajo tus pies es una rata que está esperando para acecharte es tu droga y es tu milagro es una artesanía única e irrepetible
es el Leviatán y es el viaje es la canción que más odias es un tatuaje que no quieres tener jamás es la última generación de la maldición de una familia Atreo, Agamenón, Orestes -Deus ex machina-
es la velocidad y un elefante lento es la cacería de la arquitectura inexistente es una canción que no conozco es un crimen que nadie busca es terciopelo en mi piel áspera es la imitación de un lugar nuevo
es el sabor de lo desconocido es donde pertenezco y donde soy extranjero es el anuncio de Dios es el muecín anunciando la oración es una galleta deshaciéndose es un egoísta lanzando palabras al viento
es el intento de amor es la tos que interrumpe el beso es el primer paso después del amanecer es desconfianza y el sabor de la comida de mamá es el miedo y es el dulce toque de la mujer perdida es la verdad y lo bucólico de un balcón italiano)
Allá voy. A mirar el mar desde mi balcón de vidrio. Escucharé a los marineros gritar "¡Thalatta!". Sentiré al capitán tirar flores al agua por el grumete muerto. Veré a los hombres cayendo con sus ojos morados en una mañana nueva.
No leeré. No escucharé. No sentiré. Es una mañana nueva en medio de la isla de piedra. Es una mañana nueva al lado de las rocas donde encalló el barco. Es la mañana de un sábado de febrero. Mi día cambiará, creo.
Tomaré un desvío. Soy adolescente. Sonreiré y cantaré un gospel. Cinco minutos después, leeré novelas. A la hora, me sentiré melancólico. En la noche, estaré vacío.
Allá está el mundo. Allá escucharemos música. Allá veremos el amanecer.
Y estamos ahí, y vemos el retrato que nos carcome. Y combinamos todo, uno tras otro. Los significados los yuxtaponemos, ponemos una mano sobre otra. Expresan en un idioma extraño el amor que se tienen en una tarde lluviosa de enero. Suenan quejas. Ella siente asco. Él confía. Él argumenta. Ella quiere estar con la persona que ama. El observa el retrato que lo carcome.
Pienso en un paisaje bucólico. En la trinidad de una página de Machado de Assis. En la voz sagrada que no escucharé más. En el mantra del atardecer de diciembre soleado con paredes blancas enrejadas. En mis quejas calladas. En sus esperanzas rojas.
¡Ya, es demasiado! Puede ser el grito del megáfono y nadie se dará cuenta. Será el retrato de mi vida será la voz de mis quejas:
Nadie se dará cuenta. Es sólo un cambio de parecer. Es una esperanza inexistente. Es la voz sagrada que me susurra sus nervios. Es la peste que nos carcome. Es Gutenberg y es un teclado sin letras. Es una canción. Es mi último susurro sordo. Es el amanecer que nunca vi.
Me creo distante del canto del gallo. Es diecinueve de noviembre. Predican nuevos días para mañana.
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