La ola verde por Gerrit Stollbrock2010-05-18
Ricardo Silva Romero:
Entre deshonestos, ser honesto parece suicida; la desconfianza es una profecía autocumplida; una sociedad puede querer salir del "hueco", pero puede ser que nadie quiera dar el primer paso. Estas sencillas fórmulas resumen, palabras más, palabras menos, algunos de los aportes más importantes a las ciencias sociales del siglo XX. Mockus los conoce y los aplica bastante bien. Entre deshonestos, ser honesto parece suicida; la desconfianza es una profecía autocumplida; una sociedad puede querer salir del "hueco", pero puede ser que nadie quiera dar el primer paso. Estas sencillas fórmulas resumen, palabras más, palabras menos, algunos de los aportes más importantes a las ciencias sociales del siglo XX. Mockus los conoce y los aplica bastante bien. Figuras como Mandela, frente al apartheid en Sudáfrica, o Gandhi, en la liberación india frente a la subyugación británica, fueron quienes fueron, no sólo por el heroísmo de ese primer paso, sino por su capacidad de convocar en una gigantesca acción colectiva a millones que permanecían diseminados en deseos de cambio aislados. Guardadas las proporciones, la "marea verde" exhibe esos mismos rasgos; más allá del plan de gobierno, miles de colombianos que por escepticismo, desilusión o derrotismo permanecían al margen de la política, se sienten repentinamente invocados por unos principios que Mockus encarna: el fin no justifica los medios, total transparencia en el uso de recursos públicos, la vida es sagrada. Algunos de los grandes logros de Mockus en Bogotá se explican por acciones colectivas que, en complemento de políticas más ortodoxas de gobierno, él convocó exitosamente como alcalde: el ahorro de agua, el pago de impuestos, el cumplimiento de normas de tránsito e incluso la seguridad. Sin embargo, con la mediación de la tecnología, de las redes sociales como mecanismo de convocatoria y difusión de contenidos, la movilización social ha cobrado unas dimensiones nunca antes vistas. El efecto bola de nieve es cada vez más visible: grupos convocan a manifestaciones espontáneas en el espacio público de las principales ciudades; toda clase de gremios (actores, odontólogos, músicos, economistas) han montando su propia campaña; un ejército de ciudadanos está listo a responder todas las críticas que le hacen en los medios a su candidato; los 'fans' en Facebook han pasado de 200.000 a 400.000 en dos semanas, poniéndose en la cima de las estadísticas a nivel mundial. Más allá de sus impredecibles efectos en las elecciones, que tienen en vilo a sus adversarios, este fenómeno hace aún más plausibles dos aspectos de un posible gobierno de Mockus-Fajardo, en ocasiones cuestionados: 1) la gobernabilidad parlamentaria; 2) sus propuestas de gobierno en materia de seguridad. Mockus ha dicho que enfrentará a un Congreso con mayoría uribista y vicios clientelistas con la "democracia deliberativa"; la discusión de propuestas sobre la base de argumentos, no de favores. Esta postura, que podría sonar a delirios idealistas de un filósofo-matemático, ya no lo parece tanto: con la ayuda de los medios y convocados por las redes virtuales, los ojos de millones ciudadanos permitirán que, en palabras de un reconocido científico social, "el poder civilizador de la hipocresía" haga lo suyo: tal como ha sucedido históricamente, la mayor visibilidad del congreso impedirá que las discusiones estén dominadas por intereses particulares, favores y otros vicios parlamentarios. Por otra parte, la propuesta de Mockus-Fajardo frente a la problemática de seguridad no sólo involucra la "consolidación del monopolio en el uso de la fuerza", de la seguridad democrática. En una sociedad donde existe tolerancia hacia el narcotráfico y la justicia por mano propia, es imposible doblegar la ilegalidad; por esa razón las profecías uribistas sobre el fin de las Farc no se han cumplido, ni se cumplirán. Mockus incluye como parte de su estrategia el "construir una barrera social contra el narcotráfico y otras formas de ilegalidad". Leída a la luz de la movilización social que él mismo está convocando, esta propuesta, aparentemente quimérica, empieza a cobrar toda su fuerza: los millones de ciudadanos que integrarán esta marea verde serán los mismos que emprenderán la titánica tarea de arrinconar todas las manifestaciones de la ilegalidad, incluidas las más cotidianas. El reto de Mockus será justamente lograr que toda esta movilización social, sin precedentes en la historia reciente del país, se mantenga lo suficientemente unida; en ese caso los ciudadanos, meros receptores de las políticas para los demás candidatos, podrían empezar a constituir su principal fuerza de gobierno. Internet está de su lado. Y Mockus eso lo tiene claro. |