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El señor Augusto Casas se detestaba a sí mismo. No le gustaba su nombre ni su personalidad. Nadie lo quería (su mamá no le pasaba al teléfono, su perro lo ignoraba, su novia le ponía los cachos con un vecino anciano) y detestaba su trabajo de oficina. A todos nos rechazan alguna vez: Augusto Casas era rechazado siempre.........[Leer más] |
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