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La fachada de una sala de cine de San Diego. Es mil novecientos treinta y dos. Una mujer –fuera de sí misma, pálida, aterrada- sale corriendo por la puerta del teatro. Es la primera presentación de una película llamada Freaks. Y ella –que se aleja del teatro como si se tratara de despertar de un horrible sueño- aún no puede creer en nada de lo que acaba de ver en la pantalla. Eran monstruos. Eran horribles monstruos. Eran monstruos de verdad. ...[Leer más] |
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