|
Todos, menos yo, ya lo sabían. Yo iba a llenar estadios y a firmar autógrafos el resto de mi vida. Iba a ser imitada por las adolescentes del mundo occidental y sí, modestia aparte, gran parte del oriental. La gente se enteraría de mis pasos y de mis gestos. ¡Qué responsabilidad! Me pedirían que los iluminara, que les dijera por dónde comenzar y para dónde ir, que sufriera las dichas y las frustraciones por ellos, antes que ellos. Sí, algunos se alimentarían de su propia envidia. Algunos serían capaces de acusarme de suplantaciones y de falsedad, pero como dice mi manager: "por cada ángel, vienen cien mil demonios"....[Leer más] |
|
|
Hace ocho años que no escribo nada para El Aguilucho. Eso es lo primero que pienso. Que experimento, de nuevo, la libertad de cuando uno sospecha que nadie va a leerlo. Es como cuando uno se queda solo en la casa. Se siente la necesidad de aprovechar la soledad, de hacer lo que nunca se puede hacer, de dejarse llevar, por fin, por uno mismo. ...[Leer más] |
|